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lunes, 20 de julio de 2015

Anunciación de Cestello


Sandro Botticelli, Anunciación de Cestello, 1489, témpera sobre panel, 
150 x 156 cm, Galleria degli Uffizi, Florencia

La imagen podría convertir al cristianismo a cualquier ateo con un mínimo de sensibilidad plástica. No pienso ni remotamente intentar una explicación de los aspectos formales o las connotaciones simbólicas de esta obra: no sé nada, y se me ocurre que la bibliografía al respecto debe ocupar bibliotecas enteras. Pero hay tantas cosas que me deslumbran, impresionan, intrigan: el perfecto cuadro dentro de un cuadro que es el paisaje de fondo; el lirio del ángel (Gabriel) uniendo este último con la escena del frente; el contraste entre la rigidez del edificio y la gracilidad de las figuras; la notablemente infrecuente postura de María; la sensación de movimiento, casi de paso de ballet entre ella y el ángel; el gesto respetuoso, delicado, expectante de Gabriel; la paz del rostro de María; el aspecto tan poco toscano del paisaje y, finalmente, ese puente interrumpido por la mitad del río que fluye hacia el fondo. Las líneas virtuales implicadas en la estructuración de las figuras son complejas y sutiles; el equilibrio está a cargo del color. Verdaderamente cuesta dejar de mirar esta obra.




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